Las de Pau Quesada controlaron gran parte del encuentro ante el Athletic Club, pero la falta de acierto y una gran actuación de la portera rival dejaron los tres puntos lejos del Alfredo Di Stéfano.
El Real Madrid cayó ante el Athletic Club en un partido que dejó más frustración que malas sensaciones. Las blancas tuvieron el control del balón, generaron las mejores ocasiones y pasaron gran parte del encuentro instaladas en campo rival. Sin embargo, el fútbol no siempre premia a quien más propone. La falta de acierto y la eficacia del conjunto visitante terminaron inclinando la balanza en contra del equipo de Pau Quesada.
El encuentro comenzó con una larga interrupción debido a la lesión de la guardameta visitante Nanclares. Tras el parón, el Madrid asumió el protagonismo y encontró en la presión alta una de sus principales armas. Athenea y Eva Navarro fueron las más activas por las bandas, mientras Weir lideraba los ataques por dentro. El equipo consiguió imponer su ritmo y apenas concedió oportunidades durante la primera mitad, aunque no logró traducir ese dominio en goles.
La ocasión más clara antes del descanso llegó en los pies de Weir. La escocesa quedó mano a mano con la portera rival, pero Santana respondió con una gran intervención. Esa acción resumió perfectamente lo que estaba siendo el partido. El Madrid llegaba con frecuencia, pero siempre encontraba una respuesta del Athletic o le faltaba el último detalle para abrir el marcador.
La segunda parte fue más abierta. Pau Quesada movió el banquillo en busca de soluciones y el equipo siguió insistiendo. Sin embargo, cuando mejor parecían estar las madridistas, llegó el golpe visitante. Ortega aprovechó una de las pocas oportunidades del Athletic y marcó el único gol del encuentro. A partir de ahí, el Madrid aumentó todavía más la presión. Alba Redondo, Toletti y Weir tuvieron ocasiones para empatar, pero entre la falta de acierto y las paradas de Santana el marcador ya no volvió a moverse.
El Athletic se llevó tres puntos de enorme valor gracias a su eficacia y a una actuación defensiva muy sólida. El Madrid, en cambio, se quedó con la sensación de haber merecido más. Porque pocas veces una derrota refleja tan poco lo ocurrido sobre el césped. Las blancas dominaron durante muchos minutos, pero descubrieron una vez más que en el fútbol no siempre basta con jugar mejor.